Querida mamá:

Han pasado tanto años desde mi gestación, desde antes de conocerme ya me amabas, quiero confesarte que cuando estuve en tu vientre pude sentir todo lo que pasaba contigo, quizá no lo sepas, te acompañe en todo ese proceso en cuerpo y emoción, se que hubo amor, miedo, alegría y tristeza, y a pesar de todo me esperaste con esperanza y ternura.

Gracias mama

Y cuando nací me convertí en reflejo de cada cosa que te sucedía, mis llantos, mis risas, mis gritos, mis susurros, todo era una expresión de ti. Es bueno que sepas que cada vez que me cuidabas o me abrazabas o me besabas, también lo estabas haciendo contigo.

Y mientras me criabas, también sentí cada paso de tu camino lleno de experiencias y emociones, que formaron parte de tu aprendizaje y por supuesto del mío. Mas adelante en mi adolescencia, cuando quizá yo no entendía nada de todo lo que hacías para mi, seguiste cumpliendo tu función de madre, a pesar de mis reproches y rebeldía.

Tu sabes que algunas veces no valoré tus enseñanzas vestidas de sermones. Tu sabes que hemos vivido momentos extremadamente tensos donde yo estaba sumergido en el miedo, la ira, el odio y la tristeza a causa de mi percepción obtusa del mundo.

Gracias Mama

No sé exactamente en qué momento perdí esa conexión contigo que me permitía comprender todo lo que sentías, creo que sucedió entre mi niñez y adolescencia. Ahora gracias a Dios he podido entrar en consciencia de cómo viviste y sentiste la experiencia de ser madre a lo largo de mi vida.

¿Y sabes una cosa? Hoy solo tengo que decirte GRACIAS por todo lo que fuiste e hiciste para mi y mi hermano. GRACIAS por amarme incondicionalmente aún en mi mas profunda oscuridad donde no te veía ni te sentía. GRACIAS por tu perdón infinito y eterno. GRACIAS por inspirarme a través de tu amor, poder, determinación, alegría, coraje, resiliencia, cariño e inteligencia.

GRACIAS por entender que tengo un camino que recorrer, donde aplicaré todas tus enseñanzas. GRACIAS por apoyarme en el emprendimiento de mi propio proyecto de vida. 

Quizá cuando me fui de casa ambos sentimos dolor o culpa, aunque fue porque no comprendíamos que mi decisión no significaba que dejaba de ser tu hijo o que tu dejabas de ser mi madre, no significaba que jamás no volveríamos a ver, no significaba que jamás te iba a pedir apoyo y viceversa, sino que era un desenlace natural de la vida.

Hoy casi dos años después de haber dejado la casa, me siento feliz por mi y FELIZ POR TI porque te veo, escucho y siento como estás construyendo tu propio proyecto de vida, donde lo más importante eres tú. Tu función biológica de darnos vida, alimentarnos y criarnos, culminó. GRACIAS porque desde esta nueva etapa que estando viviendo, nuevamente inspiras a la familia.

Hace menos de seis años ni siquiera hubiera imaginado que podríamos tener la relación que hoy tenemos, fue un trabajo de equipo. GRACIAS MAMÁ por ser la mensajera de Dios en mi vida.

Como hoy dije en el desayuno: Somos una familia unida, aunque sin ataduras, donde cada uno tiene su propio proyecto de vida, donde cada uno es responsable de lo que genera para su vida, donde apoyar no significa sobreproteger, sino iluminar.

GRACIAS MAMÁ, ¡TE AMO!

Tu hijo :D

Javier

javier@javierparedes.com

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